Entre Marx y una mujer desnuda

Descubrí Entre Marx y una mujer desnuda en la librería-tienda del Palacio Nacional de México D.F. Ese título tan llamativo no pasó desapercibido ante mis ojos, así que paré y le eché una ojeada. En la contracubierta pude leer: Nadie que lea Entre Marx y una mujer desnuda (el desgarramiento del hombre contemporáneo entre su sociedad y su individualismo) es capaz de permanecer indiferente. Con semejante incitación a su lectura era imposible que no acabase por comprarme el libro; pero no fue en aquella tienda (su precio era demasiado alto para un estudiante), sino en una librería de segunda mano en la que los libros, aparentemente descolocados, se amontonaban unos encima de otros, soportaban el polvo, el paso del tiempo y la indiferencia de algunos lectores.

El escritor, poeta, político y ensayista Jorge Enrique Adoum (1929 – 2009, Ecuador) ofrece un texto fuera de lo común. Se permite el lujo de utilizar el lenguaje como mejor le plazca para que “suene” mejor. Los capítulos están descolocados pero mantiene cierto sentido leer el libro de la forma tradicional (y así lo quiso el autor). Frases inacabadas esperando que un atento lector las acabe de escribir, historias que no vienen al caso, frases introducidas donde menos te lo imaginas, inicio de capítulos con minúscula, cambio de tipografía y tamaño de letra… en conclusión: leer el libro se convierte en una ardua tarea. Necesitas los cinco sentidos y una profunda concentración para no escapar a los detalles.

Es un libro que pretende hacer al lector partícipe del proceso de creación, introducirle entre líneas, despistarle y hacerle reflexionar. Yo no lo acabé. Me quedé a sesenta páginas del final y decidí dejarlo. No por nada, sencillamente me apeteció hacerlo y pensé que el libro me lo estaba pidiendo. Llegó un momento en que el “no-argumento” era tan caótico que me dieron ganas de tirar el libro por la ventana. No entendía nada y a la vez creía que el no entender formaba parte de la lectura. No lo sé. Las doscientas diez páginas que leí me gustaron, sobre todo las partes que trataban el proceso de creación literaria.

En la contraportada se dice que el lector tras haber acabado de leer el libro sentirá que una parte de él se ha quedado allí. No sé si es porque yo no lo he acabado y no puedo tener una visión global, pero me sucede justo lo contrario: después de haberlo leído detenidamente, fijándome en todos y cada uno de los detalles, apuntado las reflexiones que me gustaban, tengo la sensación de que se me ha quedado mucho del libro por el camino. No he dejado una parte de mí, sino que el libro tiene tanto contenido que tendré que leerlo un par de veces más (y acabarlo) para sacar aún más provecho de sus páginas.

Es un texto que, pese a ser de difícil lectura, resulta agradable leerlo. Cuando entiendes lo que está escrito lo sientes como un premio que te incita a seguir leyendo. Sin embargo, hacia el final, no sé si porque la concentración ya dice “¡basta!”, las páginas se transforman en cuestas interminables difíciles de caminar. Algún día, cuando tenga más tiempo y menos que leer, me permitiré el lujo de detenerme de nuevo en este magnífico libro.

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2 pensamientos en “Entre Marx y una mujer desnuda

  1. Ya sabes que cada lector de un libro lo reescribe a su manera en el momento de leerlo. Por lo que cuentas parece que tú lo estás haciendo muy al estilo del autor, seguro que a él le hubiera gustado saberlo.

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