Las alas de Chet Baker

A Chet no se le puede describir tan solo como músico, drogadicto, marido o leyenda. Era todo eso y mucho más.

Carol Baker (1997)

Chet Baker (EEUU, 1929 – Holanda, 1988)  no era un virtuoso de la trompeta, ni siquiera su voz – con un registro más femenino que masculino – hubiera pasado un examen de canto. Era su figura, sus historias, su personalidad, su atractivo y el estilo con el que tocaba y cantaba lo que le hacía único.

Su primera toma de contacto con la música fue a través de un trombón, pero a los pocos días lo cambió por una trompeta (se adecuaba mejor a su tamaño corporal). Tocó en la escuela, después en el ejército y, finalmente, tras darle de baja en el ejército por considerarle no apto, empezó a dedicarse profesionalmente al jazz. Vagó de club en club colaborando con músicos mediocres hasta que gracias a Charlie Parker (apodado Bird) consiguió colarse en el grupo de los músicos respetados. Me gusta mucho la historia de cómo conoció a Bird. Chet se enteró de que Charlie Parker estaba buscando a un trompetista para una pequeña gira, así que fue asustado a la audición con la única intención de tocar para él. La sorpresa llegó cuando Charlie Parker, tras escuchar a uno de los candidatos, preguntó si estaba Chet Baker entre los asistentes. Chet  levantó la mano y Bird le dijo que tocase para él. Cuando acabó de tocar, Parker dijo: la audición ha terminado. Ese fue el inicio de una amistad aliñada con jazz, drogas, tacos en salsa verde, noches y locales nocturnos.

El estilo de Chet Baker es muy sencillo. Lo explica tan bien en Como si tuviera alas. Las memorias perdidas que merece la pena ceñirse únicamente a sus palabras:

De él aprendí (se refiere a Jimmy Rowles ) mucho sobre la importancia de mantener la sencillez al tocar y de no liarme demasiado con la trompeta. Me da la sensación de que la mayoría de la gente se deja impresionar solo con tres cosas: la rapidez con la que toques, los agudos que consigas, la fuerza y el volumen que le saques al instrumento. A mí eso me resulta un tanto exasperante, pero ahora tengo mucha más experiencia, y he llegado a entender que seguramente ni siquiera el dos por ciento del público sabe oír como es debido. Cuando digo “oír” me refiero a la capacidad de seguir a un trompetista y discernir sus ideas, así como entender esas ideas en relación con los cambios, si es que los cambios son modernos de verdad.

 Sencillez y delicadeza. Tocaba la trompeta como cantaba, sobre un débil hilo musical a punto de romperse.

Su vida estuvo marcada (aparte de por el jazz) por las mujeres y las drogas. A las primeras las trataba no como objetos – cosa que sería normal en un hombre que dice haber estado con una lista interminable de mujeres – sino con la misma ternura que derrochaba en su música. Resulta estremecedor leer en sus memorias cómo recuerda a las mujeres más importantes de su vida como si en el momento de escribir esas líneas ellas aún estuvieran a su lado. Con respecto a las drogas, mejor leer sus pensamientos:

Andy fue también el primero que me puso en contacto con la maría, bendito sea; me encantó, y seguí fumando maría durante los ocho años siguientes, hasta que empecé a probar de vez en cuando las drogas duras y al final me enganché al caballo. Me gustaba muchísimo la heroína, la estuve consumiendo de una forma u otra durante los veinte años siguientes.

No fue el primer músico de jazz enganchado a las drogas duras, pero a él le acarreó serios problemas tanto personales como profesionales. Huyó de la policía, acabó en la cárcel durante años, también en una clínica de desintoxicación, dejó de lado la música durante ese período de tiempo…

A veces, resulta chocante descubrir que una gran parte de artistas reconocidos ha llevado una vida turbulenta y difícil; no obstante, la necesidad de seguir con su pasión les ayudó a superar todo tipo de dificultades, convivir con los vicios y morir después de haber vivido como les dio la gana.

A continuación, un Chet Baker viejo y desgastado interpretando My Funny Valentine.

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