Pigmeo

Literatura en tiempo de crisis para gente que sabe leer.

Un grupo de adolescentes entra en EEUU con el fin de realizar un atentado terrorista.  Bajo la tapadera de ser estudiantes de intercambio, los terroristas se sumergen en el oeste de Estados Unidos.

Chuck Palanhiuk (EEUU, 1962), conocido mundialmente por su  exitosa novela “El club de la lucha” (adaptada al cine por David Fincher), reflexiona acerca del modo de vida americano en su última novela, Pigmeo. Lo hace con un estilo original, adaptando las diversas anotaciones de uno de los terroristas (Pigmeo) a modo de capítulo. Así nos encontramos con un cuaderno de notas donde Pigmeo cuenta con extrañeza lo que ve a su alrededor.

El personaje se presenta de forma muy atractiva para el lector, ya que ni pertenece a EEUU ni  parece comprender las costumbres habituales del mundo en el que vivimos, como bailar, besar, llorar, comprar… Así, si a Pigmeo le abrazan, nunca dirá que le abrazan; contará que “tal persona” abrió sus brazos y le estrechó entre ellos, mostrando cierto afecto con la expulsión de agua por sus ojos.  Al principio, ese extraño estilo que utiliza Palanhiuk cuesta aceptarlo, pero una vez que te haces a él, lo que cuesta es dejar de reírte, de encariñarte con Pigmeo y pasar páginas y páginas buscando el final de La Operación Estrago, nombre del atentado que deben realizar.

El principal objetivo de Palanhiuk es plasmar qué tipo de sociedad es la estadounidense. Para no caer en la típica crítica, utiliza a un personaje que nada tiene que ver con esa sociedad, de tal forma que puede analizar el modo de vida estadounidense desde el desconocimiento absoluto. A través de las páginas, Pigmeo visita lugares clave (un instituto, una iglesia, un centro comercial, una casa “típica” yankee…) para que el autor pueda explayarse en la crítica.

Chuck Palanhiuk presenta lo más casposo de la sociedad estadounidense, sus costumbres más absurdas, sus conductas más aberrantes, y lo hace con una sencillez basada en los ojos de un “inocente” niño de trece años que, adoctrinado por su país de origen, tiene que enfrentarse a una lucha interna en la que el enamoramiento jugará un papel relevante.

Cada capítulo del libro se centra en una frase de algún personaje político. Desde la boca de los terroristas surgen frases de Hitler, Stalin, el Che, Eugene V.Debs, Kennedy, Mao Tse-Tung, Mussolini… metiendo en el mismo saco a fascistas, socialistas, nazis, comunistas, dictadores, sindicalistas, etc. Eso me ha recordado exageradamente a la equivocada mezcla que hace en el “Club de la lucha” entre izquierda y derecha, cuando el discurso de Tyler Durden pasa de ser claramente de izquierdas a neofascista.

Está claro que no se puede esperar hacer un fructífero análisis político de un libro escrito por un autor de la Generación X. No obstante, hay que tener cuidado con la potencia que pueden tener este tipo de libros y las manos en las que pueden caer. No queremos que sigan expandiendo el virus que infecta cada vez más a la política, ése que nos hace pensar que todos los políticos (y todas las ideologías) son iguales. Hay que saber leer.

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