Carver para “Principiantes»

No había leído nada de Raymond Carver (Estados Unidos, 1938 – 1988) hasta que di con Principiantes. Desde hacía algunos años las ganas por leer algo suyo  igualaba a la vergüenza por no haberlo hecho.

Antes me solía detener en la Cuesta de Moyano con frecuencia, y rara era la ocasión en la que no acababa con un libro de Carver entre las manos. Pero por razones que no tengo, siempre me iba de allí sin él y pensando que la próxima semana lo compraría. Ese libro era Principiantes.

Hoy he acabado de leerlo. Al final entró en mi casa en manos de otro y yo me lo llevé. Sin más. Está bien. Consta de dieciocho relatos, la mayoría muy buenos y algunos del montón. Lo digo con este desdén porque el libro, en vez de entretenerme, me ha hecho plantearme una pregunta que no intentaré – en esta ocasión – contestar: ¿hasta que punto seríamos capaces de valorar una buena obra si ésta prescindiera de título y nombre de autor?

Principiantes es la versión sin corregir de la colección de relatos De qué hablamos cuando hablamos de amor (sí, Murakami se inspiró en el título de Carver para el libro De qué hablo cuando hablo de correr). Actualmente se venden las dos versiones. Principiantes es la más cercana al autor, y De qué hablamos… es la más cercana al editor, Gordon Lish, que redactó párrafos enteros y llegó incluso a modificar varis veces el final de algunos relatos.

Creo que no necesitaría leer más de Carver para hacerme una idea de su estilo. Cuando en este blog he escrito sobre un determinado autor, es porque lo dominaba, porque me había leído prácticamente todas sus novelas y sabía de lo que estaba hablando. Con Carver eso no me pasa, no sé si porque me recuerda demasiado a Bukowski, o porque de repente tengo facilidad para encasillar a un autor después de haber leído unos cuantos relatos suyos. Me decanto por la primera opción.

Al igual que Bukowski, Carver es víctima del minimalismo. Como Bukowski, es padre del realismo sucio. Ignoro si se llegaron a conocer, pero si lo hicieron seguro que fueron uña y carne o enemigos, no hubiera sido posible llegar a un término medio. Los dos alcohólicos, los dos autores prolíficos de relatos, los dos producto de una vida turbulenta, los dos obsesionados por dar voz a los sin voz…

Leer a Carver es leer la versión edulcorada de Bukowski. Bukowski es desagradable, directo y siempre sincero. Carver es menos agresivo, más sutil y cuida algo la prosa. Su nexo común, evidentemente, es el minimalismo, la prosa desnuda (sin florituras ni aderezos, tal cual. Con frases cortas y poco adjetivadas. Lo que importa es la historia, no las palabras) y la obsesión por los protagonistas vulgares y corrientes.

Como no es muy práctico copiar aquí uno de sus relatos, os dejo una de sus poesías, El rasguño. Me parece un buen ejemplo de su estilo. Espero que la disfrutéis.

El rasguño

Me desperté con una mancha de sangre reseca

pegoteada sobre uno de mis párpados.

Un arañazo, profundo, cruza transversalmente las arrugas de mi frente.

Sin embargo, últimamente, he estado durmiendo solo.

Y me pregunto por qué un hombre, incluso en un mal sueño,

alzaría la propia mano para lastimarse la cara.

Esta mañana pretendo responder esta pregunta

y otras similares, mientras observo en silencio

mi rostro que se refleja en los cristales de la ventana.

Bukowski:Born Into This

La primera entrada que hice en este blog fue de Charles Bukowski. Después de haberme leído decenas y decenas de sus relatos y algunas de sus novelas, vi un documental que me incitó a escribir algo sobre él. El producto fue esa primera entrada.

Me lancé a crear el blog con Un pequeño esbozo de Charles Bukowski sin saber muy bien qué iba a venir después, si es que venía algo. Después de casi 4 meses y más de 40 entradas, vuelvo a esos inicios con el documental que me inspiró a crear este blog.

Es un documental que muestra al Bukowski más tierno y romántico (en el sentido estricto de la palabra) pero también al más borracho, fracasado, mujeriego y autodestructivo. Diría que es un documental que representa fielmente quién era Bukowski: un genio que nunca encontró su lugar en el mundo.

Un pequeño esbozo de Charles Bukowski

Charles Bukowski  (Andernach, 1920- Los Ángeles, 1994) fue un escritor y poeta que no dejó indiferente a nadie. Transcribir a papel su vida carece de sentido, más siendo sus libros autobiográficos en su mayoría. De carácter duro y a la vez entrañable, tachado de misógino y negado por él (“¿Sólo has sacado eso de mi libro?”, preguntó Bukowski sorprendido cuando un periodista afirmó que en sus libros muestra un absoluto desprecio hacia las mujeres. Y continuó diciendo: “¿Qué me dices de las lágrimas derramadas cuando alguna mujer me abandonaba? En mis libros trato peor a los hombres”). Bukowski no puede ser tachado de misógino, eso lo dice aquel que no ha leído ni uno sólo de sus libros, o el lector que sin conocer su biografía adelanta afirmaciones sin someterlas antes a las vivencias de Bukowski. Yo soy yo y mis circunstancias, dijo Ortega y Gasset. Analizar la obra de Bukowski sin conocer sus circunstancias es tarea errónea.

Su obra se enmarca dentro del realismo sucio, despojando al lenguaje de todo artificio innecesario. En sus páginas podemos leer los pensamientos de los desheredados, de los marginados…Bukowski da voz a los sin voz, a los borrachos, a las prostitutas, a los mendigos; en definitiva, a todo aquel que ha sido rechazado por la sociedad.

Descubrí a Bukowski en el metro. Sentados frente a mí había dos chicos y una chica algo bebidos. Uno de los chicos sacó un libro de su mochila y empezó a leer en voz alta. Cuando acabó, se levantó y gritó: “Hay que leer a Bukowski”. Esa misma noche busqué información acerca de él y en pocos días ya estaba entre mis manos un ejemplar de  Se busca una mujer, libro que reúne algunos de los cientos de relatos que escribió. Me sorprendió la dureza de su escritura, con un estilo que no busca embellecer el relato sino transmitir los sentimientos del autor. Y es que Bukowski no escribía para el público (aunque es cierto que se desesperó hasta que consiguió la publicación de su primer relato), escribía para desahogarse, de ahí que la inmensa mayoría de sus relatos y sus novelas podrían ser catalogadas de no ficción.

Bukowski es sin duda un escritor clave en la literatura norteamericana. Convertido en un dios por su propio público, abrazó una merecida popularidad  no sólo dentro de la cultura underground.

Si tuviese que resumir en tres palabras a Bukowski, no elegiría misógino, borracho y loco, sino apasionado, tenaz y luchador. Como buen púgil nunca retrocedió ante los golpes recibidos. Vagó por las calles, se inspiró en los bares y nunca tiró la toalla.